Mi problema con el arte es que el arte mismo es un problema. Es un problema porque es difícil (sino imposible) definirlo, porque es concreto pero abstracto, porque no hay paradigmas concretos, porque es un mundo de coleccionistas y críticos, porque los que consumen arte son los mismos que la producen, porque no hay normas universales del gusto, porque no hay buena ni mala música, porque la violencia puede ser arte, porque Ricardo Arjona y Paulo Cohelo se venden a montones, por eso es un problema. Y aún más, porque me gusta el arte y al mismo tiempo me complica. Pero en esa complicación tal vez radica el gusto en desenmarañarlo, en entenderlo o no entenderlo, solo gustar de él, o no gustar de él, o más bien opinar de él, o interpretarlo o criticarlo.
En una clase hace unos días un alumno dijo honestamente que reflexionar sobre el arte le parecía despojar al arte de su magia. Es un punto de vista interesante, pero cuando uno escucha 4'33'' de John Cage sin saber que lo está escuchando, no se da ninguna magia. La magia se da cuando lo intentas descifrar, como un rompecabezas, y encuentras el concepto detrás de la obra. O, la magia se da cuando te gusta mucho el silencio de ese momento, cuando te sientes entre paréntesis, cuando atiendes a los sonidos del ambiente. O, la magia se da cuando reflexionas sobre si el silencio existe realmente y qué relación tiene con el sonido, el ruido y el tiempo...
O, la magia se da cuando detestas esa obra, detestas a ese compositor, te parece un payaso, ¿qué rayos compone una obra en silencio? Sí, ahi también se da la magia. Creo que el único momento cuando no se da la magia es cuando el arte te es indiferente.
Si el arte se da y no te das cuenta, no ha sido arte para ti. De cierta forma, es el receptor en quien se consuma la obra de arte (y
no digo que el artista mismo no pueda ser a la vez productor y receptor
se su propia obra, es más, este desdoblamiento es perfectamente
posible). Lo que digo es que una obra de arte tiene que ser arte para
alguien, sino no es arte. Tal vez paresca un poco escéptico, pero a
veces considero que la belleza o fealdad es algo que se aprecia, no es
algo inherente a un objeto. La belleza es para uno, no es en sí una
cualidad del objeto, y esta percepción se configura según las
características de la vida de la persona, de su lenguaje, de su forma de
vida (si nos ponemos wittgensteinianos o como se escriba).
Por otro lado,a partir de
fines del siglo XIX e inicios del siglo XX se empieza a dejar atrás el
paradigma representacional mimético y el arte adquiere nuevos caracteres.En ese
contexto histórico, los artistas ya habían dominado la técnica de la
imitación de la realidad y el impacto del nacimiento de la fotografía
del siglo
XIX los había puesto en una situación difícil: el contenido de sus obras
nunca
podría reflejar la realidad de forma más exacta que las fotografías. A partir de este impacto, paralelo al
surgimiento del impresionismo, el arte empieza a embarcarse en una búsqueda de reinvención, de romper con
el realismo tradicional. Los artistas impresionistas de fines del
siglo XIX ya no representaban lo que veían de forma mimética, sino plasmaban lo
que sentían en el lienzo, trasmitiendo su impresión subjetiva. El arte
impresionista influyó en las vanguardias artísticas que surgieron en el siglo
XX con una actitud de confrontación con la tradición que buscaba la innovación,
experimentación y libertad en el campo artístico.
Esta ruptura con la tradición
se evidencia en sus manifiestos, donde las distintas vanguardias rechazaron el
paradigma representacional mimético (donde el contenido explícito era una mímesis del
mundo y su intención artística era representarlo), resaltando la predominancia
de la idea detrás de su arte.El arte moderno
es un periodo innovador, ya que la creatividad se centra en el cómo más que en el qué, lo cual abre el campo de posibilidades antes restringido
meramente a la mímesis de lo real. Este cambio del contenido a la forma está
estrechamente vinculado con una desconfianza frente al paradigma
representacional del lenguaje. Danto menciona en su libro sobre el fin del
arte: “Las artes realistas y naturalistas tuvieron que disimular el medio,
usando el arte para ocultar el arte. El modernismo usó el arte para llamar la
atención sobre el arte” . De esta manera recalca que en arte
del siglo XX se introdujo la filosofía como una indagación sobre el arte en la
misma producción artística, puesto que solo a partir de la ruptura del
paradigma del arte tradicional que instauró el movimiento dadaísta, se pudo
empezar a pensar en el arte de una manera filosófica.
Entonces, con el dadaísmo empieza a asomarse el arte conceptual. Los
ready-mades de Duchamp (sí, ese inodoro que es más conocido que ustes y yo, estimado lector, aceptémoslo) cuestionaban la definición
de arte, permiten su liberación y recién a partir de este impacto se pudo
desarrollar un arte de carácter filosófico y donde prevalece la idea detrás de
la obra más que su contenido explícito. El arte del siglo XX es en gran parte conceptual. El problema es que estamos en el siglo XXI y seguimos en las mismas, buscando ser vanguardistas: se ha instaurado la tradición de la vanguardia (1). La innovación es un cuento viejo, la tradición, por definición, lo es más. ¿Hacia dónde vamos?
Vir heroicus sublimis - Barnett Newman
Saturno Devorando a sus Hijos - Francisco de Goya
El David - Miguel Ángel
Pero las obras como la caja de Brillo de Warhol no mueren lentamente, porque tú la miras cuando vas al Museo, porque el Museo la coloca como arte y así el pop art recalca a este objeto cotidiano que también podrías encontrar en Wall Mart. Pero en Wall Mart o te es indiferente, o lo compras porque le gusta a tu hermana (es decir, es funcional), pero no por sí mismo, por su cualidad estética. Arthur Danto habla de este ejemplo genial (y le dedica gran parte de su obra) en "La Transfiguración del Lugar Común".
Ahora, ¿esto es arte? ...
Es un clip rojo. Si lo veo en mi mesa me es indiferente. Si lo uso, atiendo no al clip, sino a su función: que anexe bien papeles. Es un gran invento, en realidad, deberíamos dedicarle un día de conmemoración. Pero no. En realidad es un simple clip. Si Duchamp lo hubiese puesto en una galería, este clip costaría más que todos los esclavos que se venden a escondidas en la Deep Web. Sería un objeto de culto. Es cierto que adquiere un valor importante porque está situado como arte en un contexto particular donde el arte cambia radicalmente. Pero, lo que quiero recalcar, es que más que un atributo que haga arte al objeto en sí, lo que le permite ser arte en potencia es la posibilidad de ser atendido de una forma estética: Y la Galería le da esta posibilidad: La atención. Le ponen luces alrededor y ponen a nuestro amigo clip en un pedestal. Si viene un filósofo o teórico (o en realidad puede ser cualquiera con buen floro) y le mete unos párrafos de floro incluso es mejor. Pero cuando viene este factor, el clip ya no pasa a ser el foco de atención en sí, sino su concepto detrás, la metáfora. Sin embargo, he hablado bastante de este clip y ya me he cansado. Pero lo atendí por un rato, lo elegí como ejemplo y me pareció curioso, un poco incómoda su posición, siento que está contorsionado, que siempre está tenso, bajo presión, y es débil en verdad, es delgado y pequeño. Lo atendí: bacán, me provocó una reflexión.
... Ahora tal vez acabo de comprender por qué en medio de un parque en San Borja (creo) hay una escultura de un clip rojo gigante...
Bueno, se me ocurre que esto se vincula también con lo que dijo el tío Coco durante el almuerzo: "la obra de arte o me gusta o no me gusta". Sí, pero la notas, porque está ahi, porque es arte y puedes generar una crítica a partir de experimentarla: ya sea captando su significado conceptual oculto a través de tus grandes conocimientos, sintiendo un remolino en la barriga, recordando alguna imagen de tu infancia o experiencia pasada interesante, proyectándote hacia el futuro, entre otros, la experimentas, porque sabes que es algo experimentable, percibible, algo que aparece, que acontece y tú estás atento al juego de apariciones (2). Sea que aparezca un rectángulo y finalmente no lo era, o sea que sí lo es, uno atiende a lo que aparece y trata de desvelarlo, no necesariamente entendiéndolo, sino percibiéndolo y experimentando su presente.
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(1) Este término no es mío. Lo he escuchado varias veces de varias personas en varios contextos, pero no sé de quién proviene. En todo caso es muy bueno y expreso abiertamente que no es mío.
(2) No he leído aún el libro de Martin Seel "La estética del aparecer" pero
lo he ojeado y si al leerlo encuentro un mejor desarrollo de este punto,
lo publicaré.


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