sábado, 24 de agosto de 2013

Reflexiones sobre la danza



Era una discoteca y la música estaba muy alta. A pesar de los 1.50 grados de miopía, apreciaba más de cien cuerpos bailando al ritmo de la música electrónica: chicas vestidas con ropa de abuela intervenida, peinados setenteros, drogas y toqueteos legítimos, tiempo presente. Entre el volumen de la música y el ambiente etílico surgió un cuestionamiento sobre la danza, a partir de un reclamo por su esencia y reivindicación en la contemporaneidad.

A lo largo del siglo XX, el crítico de arte Clement Greenberg encarnó un nuevo paradigma del arte: Frente a la muerte del paradigma mimético, aparecía el paradigma modernista, de una búsqueda furtiva por la esencia pura de cada disciplina artística y su autonomía e identidad. Experimentos, errores, ironías, paradojas, fueron algunos de los resultados que dieron un arte nuevo, de carácter reflexivo y filosófico, de autocuestionamiento. Movimientos, vanguardias y corrientes de la época realizaron obras realmente interesantes sobre el arte mismo como medio y fin, sobre la potencialidad de su mensaje, sobre su utilidad, legitimidad y validez estética, etc. Este nuevo rumbo del arte fue tomado en varias disciplinas por muchos artistas (ya que otros como el pintor estadounidense Hopper, por ejemplo, siguieron fieles al paradigma mimético del arte tradicional). La danza también tuvo sus exponentes que llevaron el movimiento a terrenos inexplorados, como Pina Bausch, Martha Graham, entre otros. Pero retomando la pregunta del paradigma de Greenberg ¿qué implica la danza? ¿cuál es su esencia? ¿la danza debe apreciarse independientemente de las otras artes? 


La danza no debe subordinarse a la música y la música tampoco a la danza: ambos son un espectáculo del tiempo y del espacio: corporalidad, teatralidad, expresión, movimiento en el espacio a tiempo presente. La danza “espacializa” la música y la presencia de la música permite enmarcar la realización de la danza en un flujo temporal finito. La naturaleza de la danza se vincula con la música. No necesariamente  requiere de seguir los patrones de la música, ya que puede darse sin que exista música o, como en el caso de los proyectos de John Cage y Merce Cunningham , pueden llevarse a cabo simultáneamente pero sin interrelacionarse. Sin embargo la danza sí requiere de música: de musicalidad corporal: de un pulso, un ritmo (no necesariamente constante) que le dé una base a los movimientos.  Como señala el bailarín de ballet y coreógrafo Serge Lifar: "En el principio era la danza, y la danza estaba en el ritmo, y el ritmo era la danza. En el comienzo era el ritmo y todo ha sido hecho por él, y nada ha sido hecho sin él."

Por otro lado ¿qué es la danza? ¿Movimiento corporal según un ritmo durante un flujo temporal? ¿Entonces caminar sería danza? Tiene ritmo (tanto interno como podría tener uno proveniente de una fuente externa, como al escuchar música simultáneamente), pero de lo que carece es de intención. Y si tuviese la intención de ser danza, tendría que estar inscrito en un terreno institucionalizado del arte, donde algún artista “contemporáneo” la convierta en una obra legítima. O se podría esperar que un artista contemporáneo controversial se convierta en el John Cage de la danza planteando una cuestión filosófica estableciendo que todo movimiento es danza (y que nada lo es). Si no sigue esta condición, entonces no sería percibido como danza, ya que se confundiría con la cotidianidad (al igual que los 4’33’’ que, si no se presentan en un ambiente institucional que lo enmarque, no se apreciarían como arte, pues se verían confundidos con el mero sonido del presente cotidiano). Sin embargo, desde la danza contemporánea, se han abierto las posibilidades de expresión corporal como danza. Ésta ya no necesariamente debe tener una finalidad estética, pues puede tener una finalidad de exploración de las posibilidades corporales, experimentación, expresión de una temática o expresión corporal.  

Tampoco le podemos exigir protagonismo a la danza pura en este contexto, definido por Arthur Danto como “era posthistórica del arte”, ya que acá todo es válido y, luego de que en la mayor parte del siglo XX se indagara por la esencia de cada arte “puro”, a partir de los primeros happenings y performances los límites se vuelven difusos y el arte otra vez cobra una dimensión interdisciplinaria en muchos casos: como la ópera de Wagner, un ejemplo de lo que señala el filósofo Eugenio Trías de lo que sería un arte “mixto” (es decir, espacial y temporal). Esta categoría de arte mixto lo comparte con el teatro por su dimensión espacial y temporal. Ambas artes se interrelacionan: el teatro tiene mucho de danza, pero la danza también tiene mucho de teatro. Hay una necesidad de gestualidad y movimiento expresivo: en otras palabras: conciencia, dominio y reivindicación de la corporalidad.
 ¿Es esto bailar?
La danza no está banalizada: está más presente que nunca en esta época donde mucha gente dedica su tiempo libre a bailar en todo tipo de eventos sociales (o inclusive en la oscuridad de su cuarto). Eso ES danza pues tiene una finalidad de expresión corporal, de liberación de tensión y de movimiento rítmico y controlado, además de que podría ser estético (aunque éste atributo es debatible en algunos casos). La danza de los sábados en la noche en las discotecas es danza, no se puede negar, pero aquí debemos hacer hincapié en la diferencia entre la “danza” institucionalmente legitimada como arte y el “baile” de la gente en el día a día. Para el primero uno debe ser danzante o artista, mientras que para el segundo basta con ser un simple mortal. 



Por esto, el “baile” está presente en la cotidianidad, mientras que la “danza” no. Además, la danza contemporánea requiere de este marco (brindado por la institucionalidad o por otros medios) que señale que lo presenciado es danza, ya que no todas las masas serían capaces de percibir esos movimientos como arte, pues estarían más acostumbrados a una concepción de danza tradicional (al igual que pasaría si en un café se pone la música del compositor italiano Luigi Nono, por ejemplo). Estas artes (visto desde el punto de vista del arte académico de las respectivas disciplinas) durante los últimos años, a pesar de haberse enfrentado a las concepciones académicas tradicionales del arte, se han mantenido fuera del alcance popular (en términos de conocimiento de la existencia de estos artistas y el entendimiento de sus propósitos y planteamientos filosóficos). Pocos conocen a Cage como pocos conocen a Pina Bausch. Tal vez los críticos de arte o los intelectuales sepan de ellos, pero su “artisticidad” no llega a los sectores más populares, pues requiere de comprensión de la concepción tradicional de música o danza para comprender su revolución filosófica al indagar por la esencia de aquellas artes, desvinculándose con los paradigmas tradicionales de la música del periodo clásico o el ballet, por ejemplo. Es tan común que alguien no conozca a Pina como que alguien no conozca a Cage. Pero en el Perú muchos conocemos a Vania Masías y Pachi Valle Riestra y no sabemos necesariamente de Danza Contemporánea. La danza contemporánea tiene mucho de exploración de las posibilidades corporales pero se deja influir por elementos de la danza “académica”, tanto como por elementos de danzas folklóricas, tribales y actualmente, danzas populares como el hip hop, por ejemplo. 

Considero que pasa lo mismo con la música: se puede saber o no quién fue Mozart, Beethoven, Wagner, pero igual se va a apreciar la música, la música forma parte de la vida cotidiana colectiva, al igual que la danza. La gente danza en los bares, en la calle, en las fiestas, en todos lados. Pero, al contrario de la música, todos bailan, mientras que no todos hacen música (por más que la escuchen), por esto, de cierta forma es algo más “democrática”. Sin embargo, en ambos casos, en la contemporaneidad (o modernismo de mediados del siglo XX en el caso de la música), ha habido un “feedback” entre lo popular y lo académico. Y ese contenido innovador que tiene, se presenta muchas veces interrelacionado con otras artes como el teatro, la performance y el cine, por ejemplo. La pregunta de por qué no se le da un protagonismo a la danza ya no tiene mucho asidero, pues en esta época el arte es una categoría muy abierta. Por ejemplo, muchas veces se concibe de manera integrada e interdisciplinaria y no pura, o ya no hay una legitimización en pro del academicismo frente a lo popular. Por esto considero que la danza no está trivializada, por el contrario, cada vez más va ganando su espacio en los ambientes populares, de donde los danzantes contemporáneos toman varios de sus pasos e influencias y los fusionan con los tradicionales. El baile está presente más que nunca y aunque no sea considerado como “el arte de la danza”, no creo que necesite ser reconocido como tal para que sea tomado en cuenta como importante para la expresión humana y presente en la cultura como un arte democrático y que reivindica la corporalidad (lo cual está muy de moda en estos días).

No hay comentarios:

Publicar un comentario